Universidad Anáhuac Mayab

Prejuicios.

Publicado en: 14 de Mayo de 2013

Prejuicios.

Mariana Pacheco Peniche*  

Los seres humanos genramos prejuicios sobre las personas, los sucesos, las ideas e incluso sobre nosotros mismos. Esto es una realidad impactante, porque si ni siquiera tenemos certeza sobre nuestras propias habilidades y apariencia, si no confiamos en nuestras destrezas, nunca sabremos qué tan lejos podemos llegar y qué buenos podremos llegar a ser.

El comportamiento de juzgar sin conocer viene fuertemente dado por la cultura a la que pertenecemos, la familia que tenemos, la educación que recibimos, los  medios de comunicación que nos informan y hasta las creencias que nos implantan desde que somos pequeños.  

Juzgamos a una persona por una característica superficial, como su manera de hablar, vestir, mirar o por su apariencia corporal; los hacemos, ya sea para bien o para mal. No tomamos el tiempo ni el trabajo de entender por qué se viste así, por qué habla, se mueve o mira de esa forma. Sólo llegamos a una conclusión en base a nuestra experiencia, que no tiene nada que ver con la persona que estamos viendo.

Si los prejuicios no existieran, o al menos no a tal magnitud, la sociedad sería distinta. No existirían esas típicas etiquetas de: “Naco”, “Hipster”, “Fresa”, “Pobre”, “Inconsciente”, “Tonto”, “Vago”, “Borracho”, y muchísimas más que usamos al ver a alguien por primera vez. Sin los prejuicios las personas no estaríamos tan divididas en grupos o clases sociales como lo estamos actualmente.

Sé que no vivimos en una sociedad utópica donde todos los seres humanos son plenamente buenos y  llenos de buenas intenciones, pero también sé que la mayoría de nuestros prejuicios son inválidos y superficiales; muy pocas veces cuestionamos la exactitud de nuestros pensamientos o las cosas que decimos, simplemente damos por hecho que la manera en que vemos las cosas corresponde a lo que realmente son.

A esto se le llama: “dogmatismo”, es no ser capaz de ver algo más allá que nuestras propias creencias; es estar aferrado a las ideas que llevamos desde la niñez, y es creer que la realidad es sólo lo que vemos o creemos. El dogmatismo es una de las principales causas de la intolerancia y de los problemas que confronta el siglo XXI.

Aunque he hablado de prejuicios hacaia las personas que vemos, esta actitud abarca hasta las marcas de ropa que usamos, los nombres de las escuelas a las que asistimos, la raza de perros que queremos y las zonas en que deseamos vivir. La equidad de una sociedad comienza con entender estos juicios que hacemos sin pensar y sin saber. Me pregunto si es posible que algún día dejemos de hacer prejuicios.

Mi respuesta es que sí. Lo haremos el día en que dejemos de estar encerrados en nuestras burbujas mentales, en nuestro egoísmo ideológico, en la zona de confort de nuestros pensamientos y en el momento en que dejemos que la incertidumbre de la realidad sea parte de nuestra propia vida. Debemos aprender a vivir de una forma incierta en la vida, aceptando persona, nombres y zonas que no conocemos.    

Sé que los grandes cambios  comienzan con pequeños actos, actitudes o pensamientos; hablar de prejuicios y solucionarlos implicaría avanzar no únicamente como personas sino como una sociedad en conjunto. Sé que es una postura idealista, pero si seguimos juzgando de esta manera, tendremos los mismos resultados como sopciedad; si no probamos algo diferente, nunca tendremos un resultado diferente.

*Mariana Pacheco es estudiante del cuarto semestre en la Escuela de Comunicación de la Universidad Anáhuac Mayab.   [email protected]

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