Universidad Anáhuac Mayab

Madurez en el noviazgo.

Publicado en: 02 de Septiembre de 2013

Estefanía Solís Carrillo*

 

Cuando se es joven es difícil definir qué es lo que queremos. Caminamos en busca de respuestas que nos aclaren qué es lo que deseamos en la vida. Es como elegir un par de zapatos a los 13 años, esperando que nos sigan sirviendo al cumplir 25, pero… así como ese pie va creciendo en nuestro cuerpo, el carácter se va manifestando de acuerdo a las emociones que vamos dominando. Todo tiene un ciclo en el universo, en la naturaleza... y el ser humano también necesita tiempo para madurar.

Al reflexionar sobre el noviazgo, pienso que aún a los 18 años, es muy pronto para decidir con quién queremos permanecer al cumplir 50. Quizás es conveniente tener más de una relación de pareja para adquirir mayor experiencia y capacidad de decisión.  Es seguro que durante la relación de un noviazgo, con la ayuda de la otra persona, se puede madurar, podemos darnos cuenta de qué es lo que estamos haciendo mal, puesto que confiamos en sus palabras. Sin embargo, pueden darse situaciones en las que es tanta la inmadurez de parte de uno de los dos, que podemos llegar a lastimarnos sin darnos cuenta y, desgraciadamente… hay personas que jamás maduran.

Por esta posible inmadurez, antes de pensar una relación permanente, se debe estar seguro de qué es lo que se quiere en la vida. Imaginar o tener un proyecto de vida personal, abarcando los ámbitos de la familia, la escuela, el trabajo y el futuro, puede ayudarnos enormemente a lo largo de esa maduración; saber a dónde se quiere llegar y qué se necesita para conseguirlo, nos puede evitar  muchos dolores y contratiempos. Si se quiere formar una familia, por ejemplo, es necesario pensar en una pareja con cierta estabilidad emocional que comparta ese sueño, y que esté dispuesta a una relación seria, de la cual se pueda aprender, crecer y lograr objetivos conjuntos.  

Si no se sabe qué es lo que se quiere o a dónde se quiere llegar, quizás aún no hay un  conocimiento real de sí mismo. Si no se sabe, quizás aún no exista un auto concepto que defina las propias aptitudes y fortalezas que  nos ayuden a valorar lo que somos capaces de alcanzar. Si no se cuenta con estas habilidades, no conviene establecer una relación oporque será difícil para la otra persona satisfacer nuestros deseos; ella nunca sabrá cuándo cambiará nuestra opinión sobre lo que se quiere o se espera de la vida; y no es por su incompetencia sino porque nosotros no sabemos a dónde queremos llegar ni podremos valorar a nuestra pareja o hacerla crece. Como no se tiene aprecio por uno  mismo, tampoco lo tendremos por la otra persona; nos dará igual lo que suceda con ella porque es la postura que estamos tomando con nuestra vida; no hemos identificado aquello que nos interese o motive a vivir.

Si se tiene una personalidad madura, se sabrá reaccionar de la forma correcta. Pero si la pareja aún no sabe a dónde va, tal vez podamos ayudarla, incluso en aquellos casos en los que se rempe el noviazgo. La forma de encarar los problemas nos ayudará a ver mejor nuestro camino, a entender nuestras fortalezas y a madurar en nuestra relación de pareja, aunque sea con otra persona.

Cuando una pareja inicia una relación de noviazgo, generalmente es porque hay cierto agrado mutuo, pero esto no significa que el otro se convierta en una compañía para toda la vida. Sucede que, cuando uno se enamora, aun sin conocer realmente a la persona, se le idealiza, se construye un sueño y se forja un futuro color de rosa, sin imaginar hacia dónde conduce la relación.

Tal vez la sociedad aún no sabe cómo llamarle a esa relación que establecen hombres y mujeres en forma momentánea, ese vínculo afectivo que sólo dura unos pocos días, que es como una llamarada que también se paga repentinamente. Tener un novio por un mes, es algo erróneo. Creo que el noviazgo es una relación que está encaminada a conocerse mutuamente con el fin de saber si esa persona es la indicada para llegar al matrimonio.

Creo que en la relación de noviazgo no existe el “free”, o el “amigos con derecho”, la veo como un vínculo serio que tiene objetivos con raíces más profundas, como el de casarse y formar una familia. Es una etapa en la que los novios deben crecer en comunicación, en confianza, hasta un punto en el que lleguen a convertirse en grandes amigos, aunque no es una situación que deba permanecer tanto tiempo.

No existe un recetario ideal para un buen noviazgo o para un matrimonio permanente. Antes se acostumbraba que las parejas estuvieran como novios hasta 8 o 10 años, para conocerse mejor, pero ahora los novios duran un año, se casan y al otro se divorcian. No es cuestión de dictar el tiempo que deba durar un noviazgo, porque éste lo decide la madurez de la pareja.

Algunos hombres dicen que el amor termina cuendo comienza el matrimonio. No estoy de acuerdo. Más bien creo que el verdadero amor comienza en ese peunto. Entiendo que el noviazgo es una etapa muy bella, pero carece de problemas conyugales porque no existe una convivencia diaria, en la que se tenga que trabajar para proveer comida o pagar la luz, la gasolina, el teléfono, etc., donde hay que incluir las  formas de ver la vida de ambos. En el noviazgo cada quien hace las cosas por su cuenta y hay menos fricciones, pero cuando llega el matrimonio la propia inmadurez de querer imponer nuestros gustos acaba con la paciencia del otro. Se nos olvida que la matrimonial es una cuestión de dos, y si uno no pone de su parte difícilmente se podrá salir adelante. Es una empresa en la que hay que remar juntos y en una sola dirección para que las cosas salgan bien.

Además de todo esto, en una relación de pareja, el corazón no puede cegar la razón. Idealizar a la pareja, pretender que las cosas marchan bien o hacerse a la idea de que no pasa nada, sólo empeora la situación; cuando no sabemos decir lo que sentimos o no queremos hacer enojar a la otra persona, sólo por no pasar un mal rato, las cosas se tornan peor. En cambio, si se comunican y si se enfrentan los problemas en vez de huir, se puede llegar a conocer de verdad a la pareja, sus gustos, defectos y virtudes, y para esto hay que entrar a otro nivel; es en este punto cuando la relación madura y nace el amor como un compromiso.

*Estefanía Solís Carrillo es estudiante de Administración Turística en la Universidad Anáhuac Mayab. [email protected]

 

 

      

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