Universidad Anáhuac Mayab

Conciencia, vida y realidad.

Publicado en: 24 de Septiembre de 2013

Conciencia, vida y realidad.

Karen Boquer Manzano*

 

Qué complejo y paradójico es el hombre. El mismo hombre que ha llegado tan lejos, es el mismo que no ha logrado avanzar. El mismo hombre que se ha elevado tan alto, es el mismo que ha caído tan bajo. El mismo hombre que ha logrado el progreso, es el mismo que ha logrado la destrucción. ¿Cómo es esto posible?

Se puede entender al universo como un sueño. Un sueño que existe porque alguien lo sueña y en el cual existimos porque ese alguien nos sueña. Los sueños son los deseos que están enterrados en el subconsciente del soñador. Se podría decir entonces, que nuestra existencia (la cual se originó con nuestro nacimiento y terminará con nuestra muerte) es producto, y depende también, de los deseos de aquel soñador que nos sueña. Ningún ser humano en lo absoluto ha decidido cuándo nacer. De la misma manera, ningún ser humano podrá decidir cuándo morir. Pero entre el nacimiento y la muerte existe algo que nos ha hecho creer, o más bien, que nos ha hecho querer creer que sí: la vida que creemos poseer, sólo por el hecho de vivirla.

Nosotros nos obstinamos en vivir la vida de acuerdo a nuestra voluntad. No entendemos que esto sólo puede ocurrir hasta cierto punto, pues en la misma realidad dentro de la que nosotros existimos, ya existen leyes establecidas: las leyes de la naturaleza y del universo. De pronto adquirimos conciencia del carácter efímero de nuestra existencia, es decir, de nuestra mortalidad. Entonces nos invade el miedo y la incertidumbre, posible motivo de desagrado para nosotros. Sin embargo, el verdadero desagrado, uno muy amargo, viene cuando nos percatamos de que esa mortalidad es algo sobre lo que no podemos ejercer control alguno, y es entonces que nos invade un sentimiento de impotencia y de desesperación. Ante esta verdad, nos acarreamos a considerarla como inadmisible, y en seguida comenzamos a pensar y a actuar de manera que podamos sentir que somos nosotros los dueños de nuestra vida y quienes controlamos cómo suceden los eventos que la conforman. Es decir, ante la certeza de que la duración de nuestra estancia en este mundo es finita y de que ésta no depende de nosotros, optamos por buscar maneras de probar lo contrario. Entonces nos atrevemos a desafiar las leyes de la naturaleza y del universo. Comenzamos a jugar a ser Dios.

Ante el intento de superar aquel orden supremo que rige a la desmesurada e inconcebible totalidad de nuestro universo,  el hombre se ha conducido a buscar, a descubrir, a inventar, a crear. El resultado: un progreso que se ve reflejado en todos los avances científicos y tecnológicos de nuestra era. Desafortunadamente, ante estos mismos descubrimientos, inventos y creaciones, el hombre también se ha conducido a ocultar, a callar, a engañar, a manipular, a controlar. El resultado colateral: un estancamiento e incluso retroceso que se ve reflejado en todos los daños de los que ahora es víctima la humanidad y en la evidente destrucción de la naturaleza.

Así nos damos cuenta del ineludible carácter bilateral de la realidad que nos rodea y de las cosas que se encuentran dentro de ella. Nos damos cuenta de que toda acción tiene una reacción, que toda causa tiene una consecuencia, que toda libertad tiene una responsabilidad y que todo exceso tiene un límite. Pero descuidamos la línea tan fina que se encuentra en medio de éstas, a penas separándolas. Se trata de un “descuido” que es determinado por nuestros pensamientos cegados, impulsivos, instintivos. Y en ese intento de querer engrandecernos sólo logramos empequeñecernos más.

Entonces yo me pregunto, ¿realmente somos capaces de ejercer control sobre “nuestra” vida, sobre cómo la vivimos y sus implicaciones?

 

*Karen Boquer es estudiante en el primer semestre de la Escuela de Comunicación, en la Universidad Anáhuac Mayab  [email protected]

 

Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 
CC BY-NC-ND

Universidad Anáhuac Mayab

Carretera Mérida Progreso Km. 15.5 AP. 96
Cordemex, CP. 97310 Mérida, Yucatán, México
Tel. (999) 942 48 00 con 5 líneas
Fax (999) 942 48 07
Del interior sin costo 01 800 012 0150
Términos y condiciones de uso | Aviso de privacidad

© 1984 - 2017 Universidad Anáhuac Mayab